El final de Yukio Mishima

25 de noviembre de 2005


Yukio Mishima

La víspera del 25 de noviembre de 1970 el escritor japonés Yukio Mishima (n. en 1925) ha entregado a su editor el último manuscrito revisado y ha cenado con cuatro fieles seguidores (entre ellos su amante y amigo Masakatsu Morita).

El 25 de noviembre por la mañana Yukio Mishima, acompañado de sus cuatro seguidores, se dirigen al cuartel principal del ejército japonés, situado en el barrio de Ichigaya, en Tokio.

El coche se detiene frente a la garita de control: "Soy Yukio Mishima y vengo a ver al general Mashita" El soldado abrió sus grandes ojos rasgados y enseguida habló con el cuartel. "Mishima está en la entrada". Los dejaron entrar de inmediato, el escritor era una figura muy respetada por las fuerzas militares, que veían en él a un verdadero japonés.


Yukio Mishima

Mishima y su grupo llegan hasta las puertas del despacho del General Mashita, los guardias quisieron quitarle su katana pero el General autorizó a que el escritor entrase con el arma. Se sentaron y comenzaron a charlar. Hablaron sobre la situación del Japón, y hablaron sobre la espada de Mishima. El General la elogiaba, el arma había sido forjada por una dinástica familia de artesanos que se habían dedicado a las katanas desde mucha antes de la restauración Meiji.

De pronto la situación dio la vuelta. Mishima y sus hombres se lanzaron sobre el General y lo ataron a su asiento. Sin el menor maltrato. Llenaron la puerta con los muebles de la oficina y rodearon al general. Mishima le pidió que ordenara a todos los soldados del cuartel que se alistaran frente al balcón del primer piso en donde se hallaba la oficina. No rehusó.

Mishima solicitó que no fuese atacado hasta que diera su discurso. No habría así ningún herido. Salió al balcón cuando ya todos los soldados se hallaban formados. Los miró. Tenía puesta en la cabeza la cinta oficial japonesa. El discurso comenzó, pero la mayoría no lo escuchaba, o lo abucheaban. El lugar se lleno de fotógrafos y helicópteros. Mishima criticaba la constitución que los americanos les habían impuesto luego de la Segunda Guerra Mundial. También ataco al Jieitai por no haberse levantado contra esta medida.


Yukio Mishima

"No tienen identidad", les decía con una voz similar a la que usan los entrenadors con sus jugadores en un descanso. Los soldados ya no lo escuchaban.

Finalmente el escritor finalizó con un saludo al Emperador y regresó al interior de la oficina. Se quitó su uniforme y se quedó sólo con el taparrabos que los soldados utilizaban en esa época.

Uno de los jóvenes que lo acompañaban le alcanzó una daga de unos 25 cm. Mishima se arrodillo y abrió sus estómago con el corte ritual que tantos hombres y mujeres había utilizado en el pasado, la muerte de la que tanto había hablado, de la que tanto había escrito. Que tantos de sus personajes habían vivido. La muerte más digna y honrosa que un japonés podía tener hasta que las cosas empezaron a cambiar. La segunda parte del ritual consiste en el corte de la cabeza, que debe ser realizado por una persona de confianza para el ejecutante. Masakatsu Morita tuvo ese honor. El primer corte no logró su cometido, el segundo tampoco. Otro de los jóvenes tuvo que dar el definitivo. La cabeza se había separado del cuerpo. Morita lo siguió usando el ancestral método. Todo había terminado.

La vida de Mishima sigue siendo un enigma en muchos sentidos. No se ha llegado a comprenderlo totalmente. En Japón todavía hoy despierta todo tipo de controversias. Es contradictorio, es excesivo para el gusto nipón. Era también un solitario.

"Estoy al borde de la incomunicación" declaró hacia el fin de sus días. Singular declaración para alguien que dedicó toda su vida a comunicar. Mishima desapareció de la forma que consideraba más bella y perfecta. No podía ser de otro modo.

Y como él lo quería. Vivirá eternamente, a través de su obra.


Yukio Mishima

En 1985 Paul Schrader llevó al cine la vida de Yukio Mishima, que fue interpretado por el actor Ken Ogata.



Escuchando Irlande, Vangelis


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